Acompañamiento Terapéutico Vinculante (ATV) en el caso de Luisa Esquizofrenia paranoide

Luisa y su gemela

Luisa y su gemela

Esta historia está basada en hechos reales. Sus nombres y sus contextos han sido modificados para evitar la identificación de los participantes de la historia.

Luisa y Elvira son dos hermanas monocigóticas que comparten el 100% de sus genes. Es decir, eran idénticas a su nacimiento. Su padre murió cuando ellas tenían 4 años y no tenían mas hermanos. Vivían en una pequeña casa de dos habitaciones en el barrio de Vallecas de Madrid. Convivían con su madre, funcionaria administrativa del grupo C y su abuela materna, pensionista y con dedicación plena en el hogar y cuidado de sus nietas.

A pesar de ser gemelas univitelinas y no hacer ningún tipo de distinción entre ellas, al menos de forma aparente, ya que por ejemplo vestían igual, iban a la misma clase, tenían las mismas actividades, etc..  Luisa siempre aparentó tener un carácter algo mas dominante y extravertido que Elvira. Por ejemplo, cuando se les hacía una pregunta era Luisa la que normalmente contestaba y con el paso de los años se convirtió en una relación entre ambas donde Elvira era la chica sumisa, tímida y protegida y Luisa la dominante, rebelde y protectora, eso sí siempre inseparables.

Su desarrollo evolutivo hasta los 15-16 años fue mas o menos normal, pero a partir de esa edad la familia empezó a notar cómo Elvira estaba cada día mas pegada a su hermana escandalosamente, la sentían temerosa del mundo y contando sus secretos únicamente a Luisa. Nadie podía entender porqué cada día estaba mas asustada, callada, con miedos y ciertas “manías” aparentemente sin sentido. Ninguna de las dos hermanas habían sido buenas estudiantes, pero en este año  (cuando cursaban 4ª de la ESO), los profesores notaron un detrimento significativo en su rendimiento escolar aparejado a un aislamiento social. Ese fue el motivo por lo que el psicólogo del colegio evaluó por primera vez la problemática de las gemelas. Tras una serie de entrevistas de forma individual y conjunta y pasados los protocolizados test habituales, el psicólogo habló con la madre para transmitirle los siguientes puntos:

1. Recomendación para Elvira de psicoterapia a nivel ambulatorio una vez por semana. Ante su impresión diagnóstica de Fobia Social.

2. Separación de las hermanas en diferentes clases. Ya que se entendía que Elvira dependía demasiado de su hermana Luisa lo que hacía arrastrar a esta al aislamiento social y a la bajada del rendimiento escolar.

3. Recomendación familiar de distinguir y separar a las hermanas para que cada una de ellas pudiese tener un espacio para su desarrollo personal diferenciado.

Tales recomendaciones se llevaron a rajatabla por parte de la familia, sin embargo fue tarea imposible separar a las hermanas también en casa, en primer lugar por falta de espacio e incapacidad organizativa y en segundo lugar por la unión y dependencia tan fuerte que tenían entre ambas, cuando incluso tenían un lenguaje secreto inventado por ellas para hablar sin que nadie las pudiese entender y  tener así una intimidad absoluta.

A los dos meses del comienzo de la psicoterapia de Elvira con su psicólogo, se la derivó a un psiquiatra para que pudiera ponerle medicación, había confesado a su psicólogo que guardaba un secreto desde hacía ya mas de un año, que escuchaba voces que insultaban a ella y a su hermana. Después de hacer un buen diagnóstico y ajustarle la medicación, Elvira pasó a simultanear el tratamiento ambulatorio con un programa de terapias de grupos y talleres en un centro de día recomendado por la asociación  FEMASAM (Federación Madrileña de Asociaciones Pro Salud Mental).

Luisa pasó a ser la hermana “sana”. Estaba, como de costumbre, muy pegada a Elvira para protegerla y apoyarla, sin embargo Luisa parecía  que iba distanciándose cada vez mas de su hermana. Tenía mejor aspecto físico, era mas rápida mentalmente, mas extravertida, divertida y resolutiva. Lo que nadie sabía era que Luisa estaba sintiendo los mismos síntomas que su hermana, empezó también a oír voces. Confesarlo significaba pasar a ser débil y enferma, como lo era su hermana, además probablemente significaría tener que asistir a terapias, tomar medicación y dejar el rol de hermana mayor protectora.

Para ir soportando la presión que le provocaba los síntomas, la no confesión y su rol familiar no lícito, Luisa buscaba la hiperactividad, salía siempre que podía por las noches, tomaba cantidades ingentes de café y excitantes, fumaba dos cajetillas al día y se dio a un estilo de vida impulsivo y evitativo y abandonó totalmente los estudios. A los 19 años acabó acudiendo a psicoterapia por padecer aparentemente un cuadro de ansiedad generalizada así cómo un trastorno de personalidad sin especificar. Así fueron pasando los años o mas bien sorteando sus dificultades sin tomar medidas y sin confesar a nadie, ni tan siquiera a su hermana, sus voces e ideas extrañas que cada día mas le inundaban su pensamiento.

Cuando Luisa y Elvira tenían 24 años de edad, los roles cambiaron totalmente. Luisa había hecho frente a su enfermedad y se había dejado ayudar. Tenía una vida ordenada y normalizada, trabajaba de dependienta en una pequeña tienda de artesanía y había iniciado una relación con un chico. Sin embargo Luisa no había avanzado nada desde su adolescencia, carecía de profesión, los novios no solían durarle mas de un mes y sus síntomas eran cada vez mas agudos. Al ver a su hermana cada vez mas distante y haber perdido totalmente el rol de protectora, empezó a vivir toda la vida de su hermana como algo odioso. Empezó a generar delirios de perjuicio contra el novio y jefe de Elvira, pensaba que estaban cautivando a su hermana para acercarse realmente a ella y hacerle daño. Debido a su impulsividad e incapacidad de planificación, tan sólo se dedicó a insultarles, salir corriendo cuando los veía y a intentar prohibir que su hermana fuese al trabajo o saliese con su novio mediante argumentos pueriles o puntualmente con agresividad que cada vez iba a mas, hecho que provocó un ingreso hospitalario en una unidad psiquiátrica de agudos.

Luisa estuvo ingresada durante 2 meses. Confesó allí todos sus síntomas y se le dio el alta una vez que estuvo estabilizada y con un plan de contención extrahospitalaria. Su plan terapéutico consistía en un seguimiento psicofarmacológico, psicoterapia grupal, grupo de habilidades sociales y Acompañamiento Terapéutico.

Intervención y desarrollo de ATV (Acompañamiento Terapéutico Vinculante).

Para la óptima evaluación del caso de Luisa se entendió que era esencial la realización de una historia clínica exhaustiva y extensa, ya que entendíamos que faltaban muchos datos evolutivos y de sintomatología de Luisa que eran pertinentes conocer para encajar adecuadamente el caso. La relación simbiótica con su hermana había hecho empañar su identidad y no nos dejaba ver con claridad cual había sido su desarrollo personal real. Una vez realizadas las entrevistas con Luisa, sus familiares y coordinado el trabajo con el resto de profesionales que atendían a Luisa se le asignó un Acompañante Terapéutico idóneo para ella. Se trataba de Verónica, una trabajadora social de 36 años y con experiencia extensa con pacientes con enfermedad mental. Verónica tenía un carácter muy dulce y cercano algo que era primordial para tratar a Luisa ya que uno de los principales objetivos era crear con ella un vínculo donde le resultase fácil establecer un espacio basado en la sinceridad, cercanía y apoyo. Verónica y Luisa pasaron juntas, durante los tres primeros meses, prácticamente todas las mañanas. Verónica representaba algo parecido a lo que Luisa había representado para su hermana, es decir alguien en quien confiar, que siempre estaba ahí, que le daba seguridad su presencia, etc..

El papel, aparentemente superficial que tenía Verónica con Luisa era acompañarla a las terapias y guiarla para que no abandonase en ningún momento su cuidado personal en todos los aspectos. (Toma de medicación, aseo personal, orientación educativa y profesional, etc..)  Era el nexo de unión entre su médico y psicólogos de los grupos a los que asistía. Luisa nunca había estado sola en el mundo, siempre había estado pegada a su hermana gemela y ahora que Elvira estaba haciendo su vida, Luisa necesitaba de una figura que la reemplazase y le ayudase a enfrentar su día a día. Así pues, se condujo a la creación de un clima propicio para establecer un vínculo con Verónica, que aunque fuese muy dependiente en los primeros momentos, fuese capaz de otorgarle aquella parte de seguridad y parte de identidad que la cercanía de su hermana le ofrecía.  Luisa pasó 8 meses con la necesidad de contar con Verónica para todo y de tenerla muy cerca físicamente. Por otro lado Verónica le acompañaba y le animaba a que tomase decisiones que significase normalizar y enriquecer su vida. Salvo que tomase decisiones contrarias al sentido común o contraproducentes, Verónica reforzaba todo lo que Luisa hacía y le recordaba cada cierto tiempo todos los avances que estaba teniendo dirigidos a la salud y al autocuidado. Poco a poco Luisa fue sintiéndose mas segura de si misma y con la sensación de que contando sus cosas, en el lugar adecuado, conseguía mayor seguridad, independencia y salud (todo lo contrario a lo que siempre había creído).  Con Verónica podía tener toda la confianza del mundo, pero también sabía que no era alguien con quien guardar secretos, ya que cualquier información que fuese relevante o concerniente a su salud Verónica tenía el imperativo de transmitirlo a su psiquiatra, psicólogos y supervisor de su caso en ATV.

Verónica orientó, animó y acompañó a Luisa para realizar un curso en la escuela de oficios de estética, le reforzó y le alentó el hecho de salir con sus nuevas amistades del curso. De esta manera poco a poco Luisa fue orientando su vida hacia la normalización y aceptación de su enfermedad, sin que ello significase pérdida de calidad de vida.

Ya han pasado 3 años desde que se empezó el acompañamiento terapéutico y Luisa actualmente está trabajando en una cabina de estética. Con su hermana sigue llevando una relación muy apegada pero sin embargo ya no vive con temor la independencia individual de cada una. Está muy ilusionada porque dentro de un mes le entregan el piso de protección oficial que obtuvo por sorteo y se siente lo suficientemente fuerte y estable como para independizarse. A Verónica ya no la necesita como antes, sin embargo cuenta con ella para hechos puntuales y siempre la tiene presente cuando toma decisiones en su vida. Por ejemplo está deseando que le entreguen las llaves y llamar rápidamente a Verónica para que se sienta orgullosa y le siga animando a seguir luchando.

  

 Logotipo ATV

Miguel Ángel Ruiz.

Acompañamiento Terapéutico Vinculante ATV.

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Teléfono Móvil:         646812203

Email:        atvinculantemadrid@gmail.com

Web:          http://acompanamientoterapeuticovinculante.wordpress.com

Dirección:   C/ Luchana 4 2ª planta 28010 Madrid.

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Acompañamiento Terapéutico Vinculante (ATV) en esquizofrenias.

ParaLogotipo ATV que un paciente diagnosticado de Esquizofrenia pueda beneficiarse de un  Acompañamiento Terapéutico Vinculante (ATV), es imprescindible que siga un tratamiento clínico de referencia, que contará con al menos una parte psiquiátrica o psicofarmacológica.

ATV ofrece al paciente un tipo de intervención aparentemente sencilla y muy cómoda. Tras una evaluación de su caso, se le asignará el Acompañante Terapéutico (AT), que será el que mejor encaje con su personalidad, estilo de vida y particularidades concretas que el paciente pueda presentar. El AT siempre es supervisado por personal clínico y está coordinado con el tratamiento de referencia que el paciente esté siguiendo De esta manera ambos trabajos tendrán los mismos criterios, se complementarán y promoverán los mismos objetivos, beneficiando así su tratamiento y pronóstico ya que su terapia es complementada y extendida también a sus espacios cotidianos (contexto familiar y social).

Los pacientes con esquizofrenia pueden presentar síntomas que hemos categorizado en tres grupos: 1 Positivos 2. Negativos y 3. Cognitivos.

1. Los síntomas positivos son comportamientos psicóticos, relacionados con la pérdida de contacto con la realidad, que pueden aparecer o incluso desaparecer totalmente según evolución de la enfermedad y entre los que se incluyen las alucinaciones, es decir ver, oír, oler o sentir cosas que el resto de mortales no percibimos. El mas común de todos es la percepción de “voces”. Los delirios son creencias falsas que no forman parte de la cultura de la persona. El mas común de ellos, es el delirio de persecución en el que el paciente siente que es víctima de una confabulación y  piensa que es perseguido y observado. Los trastornos del pensamiento son formas extrañas o patológicas de pensar, que normalmente deriva en interpretaciones o llegar a conclusiones apartadas de la realidad. Los trastornos del movimiento que pueden ser desde movimientos agitados del cuerpo, normalmente repetidos hasta la inmovilidad total (catatonía).

2. Los síntomas negativos muchas veces se confunden con los de la depresión, la anhedonia o la falta de ganas de vencer otros síntomas de la enfermedad o incluso con algún efecto secundario de algún fármaco. Estos síntomas son:

  • Plana afectividad.
  • Baja motivación.
  • Incapacidad por iniciar, planificar o mantener actividades.
  • Comunicación pobre y distante.

3.  Los síntomas cognitivos suelen ser mas imperceptibles. Y van desde presentar dificultades de concentración hasta disfuncionalidad de la memoria de trabajo, etc..  Estos síntomas suelen provocar malestar al paciente cuando sienten que su funcionamiento es deficiente y les impide desarrollarse con “normalidad”.

Debido al amplio espectro de sintomatología que la esquizofrenia puede presentar, se hace casi imposible determinar a priori el abordaje del Acompañamieto Terapéutico  Vinculante y el perfil del acompañante, si nos basamos únicamente en el criterio diagnóstico. Dependerá del caso concreto de cada paciente, entendiendo su sintomatología, personalidad base y su historia vivencial previa. Así por ejemplo un paciente con esquizofrenia donde primen los síntomas negativos de la enfermedad necesitará de un estilo de tratamiento cuyo objetivo sea su activación e incluso la ayuda en sus tareas de la vida diaria. Sin embargo podemos establecer unos mínimos para la elección del acompañante y los objetivos del tratamiento que serán los siguientes:

1. Se basarán siempre en el principio de normalidad: es decir las actividades a realizar, el vínculo paciente-terapéuta y objetivos siempre irán encaminados a la lejanía de la extravagancia y buscando una adaptabilidad normalizada.

2. Enriquecimiento personal a través de ocupaciones pragmáticas y/o lúdicas.

3. Buscar en todo momento estabilidad, planificación y mantenimiento para que el mundo circundante del paciente pueda aportarle seguridad.

Entre la figura del Acompañante Terapéutico (AT) y el paciente se creará un vinculo o relación cercana, genuina y auténtica; basada en la aceptación, confianza, apoyo, autoridad, comprensión, etc..que constituye la base y herramienta principal para la sanación. De esta manera el paciente diagnosticado de esquizofrenia contará con un “Hermano Mayor“, que le va a permitir mejorar su calidad de vida, favorecer su integración social-laboral-educativa o familiar, promover su salud y su cuidado, complementar su tratamiento y evitar posibles ingresos y/o procesos de institucionalización.

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Miguel Ángel Ruiz.

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